La concienciación por el medioambiente nos ha llevado en los últimos años a preocuparnos por numerosos aspectos de nuestro estilo de vida que podemos cambiar para hacer más sostenibles. El turismo es uno de estos casos, y la demanda de turismo que apuesta por la sostenibilidad no ha dejado de crecer y ha adquirido un gran peso para la economía.

El turismo sostenible se opone al turismo tradicional, que produce un impacto negativo en los niveles de contaminación y en el medio natural, además de producir desplazamiento de la población local o hacinamiento hotelero, entre otros. Es por ello que el turismo sostenible se define como aquel que trata de satisfacer las necesidades de los visitantes, teniendo en consideración la repercusión económica, social y medioambiental. Junto a todo esto, la extensión del sector turístico propicia que su vertiente sostenible actúe como promotor de un cambio en el mundo, favoreciendo la mejora en el entorno y en la economía.

De manera general, los beneficios que se derivan del turismo sostenible son numerosos y los podemos agrupar en cuatro tipos (medioambientales, sociales, económicos y culturales) que se encuentran interrelacionados. Te contamos un poco más acerca de ellos a continuación.

Beneficios medioambientales

Cuando pensamos en turismo sostenible, el medioambiente es lo que primero se nos viene a la mente. Y es que este tipo de turismo se caracteriza por tener un impacto ambiental mínimo, gracias a que fomenta el respeto por el medio y el consumo responsable. Para los turistas, genera conciencia de los problemas que afectan al entorno que visitan -no solo ambientales, sino también políticos o sociales-, y esto se traslada al suyo propio. Se convierte en una experiencia enriquecedora que favorece la extensión de prácticas sostenibles en la vida cotidiana.

Por otra parte, se producen beneficios económicos para las comunidades locales en torno a sus recursos de flora y fauna, mientras se vigilan y gestionan de cerca sus impactos. Los estudios acerca del impacto ambiental posibilitan que el desarrollo de esta industria sea equilibrado. También se realiza un seguimiento de la incidencia de las infraestructuras (telecomunicaciones, alcantarillado, agua potable, etc.) y de los medios de transporte, permitiendo la introducción de nuevas medidas para su mejora.

Beneficios económicos

El turismo sostenible genera empleo a nivel local, tanto de forma directa como indirecta, mediante el estímulo del desarrollo de empresas de carácter turístico, como agencias de viajes, alojamiento, transportes, alimentación, etc.; así como empresas que garantizan el abastecimiento de otros sectores (agricultura, ganadería, comunicaciones…).

Se logra a través del turismo una reducción de la pobreza, puesto que el beneficio económico que produce se destina al desarrollo local, distribuyéndose entre los diferentes agentes locales. Esto beneficia que todos los sectores de la economía se desarrollen de manera integral y armónica.

Por último, destacan la reactivación de las zonas rurales, a menudo casi perdidas. Relanza la economía local, permitiendo a los habitantes tener acceso a mejores condiciones de vida y a una mayor oferta de ocio y cultura.

Beneficios culturales

El turismo sostenible contribuye al mantenimiento y a la concienciación sobre el respeto de la autenticidad e identidad sociocultural de las comunidades locales, fundamental para lograr la tolerancia entre diferentes culturas. Esto, junto al valor y la promoción de las diferentes manifestaciones culturales, repercute favorablemente en la autoestima comunitaria. Por último, se promueve la conservación y la restauración de los yacimientos arqueológicos u otros monumentos de interés colectivo.

Beneficios sociales

Los beneficios sociales del turismo sostenible también son múltiples. La reactivación de las zonas rurales, la mejora en la calidad de vida de los locales o la integración de las comunidades locales en algunas actividades turísticas son algunos de ellos. Aparte de eso, permite que se destinen parte de los beneficios generados de esta práctica a la construcción de elementos de interés comunitario o a la mejora de infraestructuras ya existentes.